La derecha española, por desgracia, no es homologable a los partidos de derechas que existen actualmente en la Unión Europea. Quizás si lo sea a algún grupúsculo italiano. Mientras los partidos y líderes de la derecha alemana, francesa o inglesa se destacaron, en su momento, por luchar abiertamente contra el nazismo, la derecha española es heredera, por derecho, del franquismo y otras hierbas…. Y eso tiene sus consecuencias, que se traducen en un escaso respeto a la legitimidad democrática de los gobiernos de los que no forman parte y en la utilización torticera y manipuladora de los resortes del Estado de Derecho para hacer política partidista y golpismo encubierto. Esa es otra de las características, históricas, de la derecha española: es golpista.
Sólo dos ejemplos para entender como se manifiesta esa actitud golpista de la derecha española, de la mano de Mariano Rajoy ahora (el líder de la derecha peor valorado de la democracia), y de la mano de José María Aznar en los últimos 15 años.
Oposición al Estatut. Desde un principio el Partido Popular hizo del Estatut su principal caballo de batalla contra el gobierno y, por extensión, contra Catalunya. “España se rompe”, decían los líderes del PP. O: “El Estatut está tutelado por ETA”, Acebes dixit. Nunca antes se habían dicho tantas burradas, tantas mentiras juntas. Mentiras que acabaron con una derrota política en el Congreso de los Diputados, que acabó aprobando el texto el 30 de marzo del año pasado, y que tuvo también su refrendo electoral por parte del 80% de los ciudadanos y ciudadanas que votaron SÍ el pasado 18 de junio. La respuesta del PP a ambas derrotas, la política y la electoral, ha sido presentar un recurso ante el Tribunal Constitucional, totalmente legítimo, pero utilizando todos los resortes legales posibles, amén de la colaboración esperada de los magistrados conservadores, para desequilibrar la balanza del Alto Tribunal a favor de sus intereses, con la recusación de Pérez-Tremps. Con un único objetivo: conseguir, en los tribunales, con malas artes, lo que no han conseguido en el Congreso ni en las urnas. Eso, a mí, me suena a golpismo encubierto.
El PP disfrutaría con una sentencia que invalidase totalmente el texto o lo recortase hasta convertirlo en una simple réplica del Estatut del 1979. Para el PP cuanto peor, mejor. Eso sí: mientras, va aprobando los estatutos de otras comunidades, como la valenciana, la balear o la andaluza, que contienen una cantidad importantísima de artículos literales del Estatuto Catalán, sin poner ni una sola pega. El PP dice una cosa distinta en cada punto de España, con el único objetivo de crear división y confrontación entre los ciudadanos.
Lucha antiterrorista. La utilización escandalosa y vergonzosa que está realizando el PP de la lucha antiterrorista, lo invalida directamente para volver a liderar el gobierno de España. Un partido tan irresponsable no puede tener en sus manos el destino de 44 millones de ciudadanos y ciudadanos. El PP sólo quiere calma y estabilidad política cuando está en el gobierno. En la oposición, como ya demostrara en 1993, desde la llegada de Aznar, el PP promueve la crispación y el enfrentamiento aunque sea a costa de debilitar al Estado. Todo vale para conseguir el poder. Valía mentir descaradamente del 11 al 14 de marzo y vale seguir mintiendo, ahora, sobre la pretendida cesión al chantaje de la banda ETA por parte del gobierno. Es falso. Radicalmente falso. El Estado no se puede rendir a ningún chantaje. Al de ETA seguro que no, pero al del PP, con su política desleal tampoco.
La política penitenciaria ha sido, siempre, parte de la política de lucha contra el terrorismo y algo sabe el PP de todo esto. Ellos la utilizaron con profusión para aplicar beneficios penitenciarios a etarras que cumplían pena por delitos de sangre, porque aprendían a hacer ganchillo, punto de cruz o escribían libros, como el propio de Juana Chaos, al que el PP perdonó más de 600 días de pena. El PP acercó presos al País Vasco mientras Ortega Lara estaba secuestrado. El PP excarceló al ETARRA Iñaki Bilbao por su arrepentimiento y progresión positiva, para que dos años después de salir a la calle asesinara a un concejal socialista en Euskadi. Todo eso lo hizo el PP mientras gobernaba y nadie lo criticó, como nadie lo critica ahora. Simplemente se pone de manifiesto la enorme hipocresía que caracteriza la actuación del PP y sus líderes, muchos exministros del Interior que firmaron esas excarcelaciones, ante el cambio de grado de cumplimiento de la pena del etarra De Juana decidido por el gobierno. Cambio de grado, no excarcelación. Esa es otra de las mentiras…
Ante este PP asilvestrado y crecido, jaleado por algunos sectores de la Iglesia y por sus tradicionales apoyos mediáticos; ante este PP que convoca manifestaciones contra el gobierno y que asiste a otras convocadas contra las decisiones del Tribunal Supremo; ante este PP de alma golpista que no reconoce la legitimidad del gobierno socialista porque ha sido incapaz de digerir su derrota electoral del 14 de marzo, sólo cabe una respuesta de firmeza serena, de reafirmación de los valores que inspiran la acción de un gobierno democrático que trabaja por construir una España más justa e igualitaria en paz.
Y por eso, y sobretodo en lo que tiene que ver con la actitud mantenida por el PP en todo el tema del Estatut, extraña la tibia reacción de Convergencia i Unió, que después de ir al notario para certificar que no pactarían el gobierno de la Generalitat con el PP, ahora, de cara a las municipales, están dispuestos a pactar hasta el gobierno de una comunidad de vecinos. Cualquier cosa para que el golpe que esperan, la no consecución de la Alcaldía de Barcelona y la pérdida de alguna de las pocas plazas fuertes que les quedan, parezca menor o pase desapercibido. Nadie sabe si CiU será capaz de sobrevivir a un duro golpe en las municipales. Están tocados, sobretodo su líder y su grupo de confianza. La incapacidad demostrada por Artur Mas para formar gobierno, por segunda vez, pese a contar con el grupo parlamentario más mayoritario de la cámara, les ha dejado fuera de juego.
Ahora andan otra vez azuzando el espantajo del enemigo gubernamental español. El enemigo es el PSOE, que gobierna, y no el Partido Popular. CiU debería aclararse: el pasado 21 de enero, Zapatero y el PSOE eran los amigos que le facilitaron una foto a don Artur en la Moncloa con el Estatut debajo del brazo. Esa foto era su pasaporte al Palau de la Generalitat, o al menos así lo entendió Mas. La frustración actual le lleva a intentar repetir estrategias. Ahora quieren que el Parlament fije modelos alternativos a los que presenta el Govern sobre temas como la Agencia Tributaria de Catalunya o la gestión del Aeropuerto del Prat, para luego ir a negociarlos a Madrid. Quizás para volver a realizar la misma estrategia: intentar acuerdos unilaterales con el gobierno. Quizás para intentar conseguir su dosis habitual de fotos. Mientras, nada que objetar a la actitud del PP. Al contrario: disposición a pactar algo tan importante como la Alcaldía de Barcelona que, estaremos de acuerdo, no es una institución cualquiera.
Como dijo el President Montilla, quizás CiU y Artur Mas están preparando el cambio del notario catalán por el registrador gallego, por el apoyo a Rajoy. Quizás Mas piense que el PP va a ganar las próximas elecciones generales y que, ante el desierto institucional y de poder que les espera tras las municipales, hay que abonar el camino para un pacto en el Congreso y la entrada de CiU en el gobierno de España. A costa de lo que sea, aunque sea el Estatut. Al final, todo indica que el refranero español es sabio y certero: “¡Dios los cría y ellos se juntan!”. La derecha, española y catalana, PP y CiU, parecen compartir presente y futuro. ¡Vaya compañeros de viaje!. Allá ellos.